Hotel Abismo

Del neoliberalismo al neomilitarismo

El cambio del llamado “periodo neoliberal” al nuevo periodo de Estado.-empresa, desarrollista y militarizado, me recuerda al contraste entre dos filmes sobre la trata de personas para la prostitución.

El pecaminoso “periodo neoliberal” es como la trata de personas retratada en 1976 por Felipe Cazals en Las Poquianchis (Inspirada en Las Muertas, de Jorge Ibargüengoitia) : Las tratantes de mujeres son viejas decrépitas y mochas, que van a misa y hasta a la peregrinación del Cerro del Cubilete, pero secuestran y obligan a jovencitas a prostituirse atendiendo sexualmente a clientes en diversas parte del país, con la complicidad de políticos y gobernantes, algunos de ellos, clientes también. El PRIAN.

Cuando Salinas de Gortari se reunió con intelectuales como Poniatowska, Monsiváis y García Márquez, puso en medio de ellos a una muñeca tetona que simbolizaba a una tía de Salinas que tuvo una casa de citas, como Las Poquianchis. La puso ahí para que saliera en la foto, como testigo de todo.

El llamado “periodo neoliberal” fue esa prostitución salvaje y desordenada. Había que poner orden.

Con el cambio al gobierno de Obrador y Morena, vino ese orden necesario. Principalmente por medio de la mayor militarización en la historia moderna de México.

Ahora la prostitución del país se hace ser manera ordenada, como lo haría Pantaleón, con eficiencia, disciplina, controles de calidad y casi de pulcritud, en Pantaleón y las visitadoras, de Francisco Lombardi (1999, basada en la novela homónima de Mario Vargas Llosa). Ahora las cosas ya no se hacen al margen de la ley y las instituciones, sobre todo la castrense. Se hacen por medio de esas instituciones, sobre todo la militar.

Hay planeación, informes, cifras, y secrecía (seguridad nacional). Hay por ahí el crítico que filtra informaciones y espera ser convertido, cochupo de por medio, en vocero del régimen y sus eficientes servicios. Aunque voceros ya los hay, y apologetas.

Ayer la trata y la prostitución del país, pobladores, tierra y territorio, recursos naturales, eran neoliberales y pecaminosos, al margen de la ley y las instituciones. Ahora la prostitución del país, pobladores, tierra y territorio, recursos naturales, es institucional, disciplinada, ordenada, eficiente (eso dicen), discreta (información reservada por muchos años) y militar, que en los términos del poder quiere decir “patriótica”.

Esta analogía tiene un lado malo: ambas películas terminan mal, sus protagonistas terminan siendo castigados. Tal vez en la realidad no sea así. Después de todo ¿quién puede juzgar a un Estado-empresa militarizado? Y menos, si la sociedad, mayoritariamente, les justifica todo y los defiende, aunque hagan lo mismo que apenas ayer criticaban.

¿Podemos hacer algo para cambiar de película?

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Javier Hernández Alpízar

Periodista, solidario con las causas justas

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