Crónicas Pachecas

Salvada por la campana

Salvada por la campana

[Crónicas docentes]

«La infancia tiene sus propias maneras de ver,

pesar y sentir; nada hay más insensato

que pretender sustituirlas por las nuestras»

Juan Jacobo Rousseau

Por: Lucy López

Parecía una mañana tranquila y normal en el Jardín de Niños, es un error decir que como todos los días, puesto que los días en el aula y fuera de ella son muy diferentes, sobre todo por lo aquello que los niños y niñas hacen y dicen.

La rutina escolar se llevaba a cabo: entrada, actividades en el aula, almuerzo, recreo actividades de cierre y retirada.

Era hora del almuerzo, la mayor parte de los alumnos y alumnas retomaban con mochila en mano sus respectivos lugares, después de haber regresado de lavarse las manos, para proceder a comer lo que mamá había enviado, alguno que otro se encontraban aun guardando su material para continuar con la rutina.

Los aromas a comida empezaban a percibirse, fruta picada con chile, yogurt natural, tamales, tortas, quesadillas y algunas verduras cocidas, todo saludable porque en la escuela no hay paso a los alimentos chatarra. Todo se ve y sabe rico cuando lo preparan con amor o cuando se tiene hambre.

Mientras la maestra se encontraba, dando vueltas en el aula, muy apurada colocando y limpiando el material ocupado en la mañana, además de observar que el almuerzo se lleve sin incidentes, escuchó una conversación en particular que se desarrollaban en los equipos.

 Todos los días los alumnos cambian de lugar y forman equipos de cuatro hasta ocho integrantes para realizar diferentes actividades, la conversación atrajo tanto su atención, que se quedó atenta al desarrollo de la misma.

La discusión empezó cuando un alumno es regañado por otro del mismo equipo.

­–Deja la comida de Bryan – dijo Carlos a Alex quién tenía en la mano un pedazo de fruta del tupper de Bryan.

–¡Tú cállate! – dijo Alex quien se comía la fruta.

–¡No digas eso! Diosito te está viendo – dijo Mary regañando a Alex.

–No me está viendo, a ver, dime ¿dónde está? – siguió Alex retándola.

–En el cielo, ahí te ve, él ve a todos – mencionó con seguridad Mary

–¡No! Dios no está en el cielo – agregó rápidamente Jesús – Él está dentro de nosotros.

Jesús un alumno alegre a quien en ocasiones anteriores durante el recreo se le había escuchado entonar cantos religiosos y quién en semanas pasadas a la hora del saludo durante los primeros minutos en el salón, había intentado compartir algunos de ellos a sus compañeros sin obtener interés por parte de los demás niños.

–¿A dentro?  – preguntó Alex con sorpresa

–Si ahí está, en tu corazón. Dijo Jesús.

–¿Y cómo se metió?

–No sé, pero ahí está y te está viendo. Recalcó Jesús.

–Seguro se hizo muy chiquito y se metió por tu boca –respondió Carlos, mientras se carcajeaba.

La maestra quién escuchaba atenta, al tiempo que fingía continuar con sus actividades de limpieza y orden, reflexionaba sobre la necesidad del hombre de creer en un Dios vigilante sus acciones, las cuales no es capaz de realizar con razonamiento y decisión propia, y cómo estas creencias son fuertemente inculcadas desde edades tempranas.

Continuaba la conversación cada vez con más insistencia e interés.

–No, Dios está en el cielo ­– decía con molestia Mary.

–¡A que no! dime ¿dónde? – dijo Alex, mientras señalaba el cielo y volteaba a observar   por la ventana.

–En las nubes –respondía segura Mary.

–¡No! – decía Jesús – Ahí no está.

–Mejor, ¡Vamos a preguntarle a la maestra! –comentó Carlos.

–¡Si! –dijo Mary mientras se paraba de su silla y todos los demás la seguían.

La maestra preocupada por no tener imaginación para encontrar las respuestas necesarias sin interferir en sus creencias impuestas por su familia y su entorno, prefiere actuar antes de ser atacada.

Al tiempo que los niños preguntaban ella dice:

–¡Apúrense!  ya va a terminar el tiempo de comer.

Pero era demasiado tarde, ellos y ellas estaban muy decididas a encontrar las respuestas:

–¿Maestra verdad que Dios está en el cielo? –Preguntaba Mary

–Está en nuestros corazones ¿verdad? –Decía Jesús.

–¿Cómo es Dios? Grande o chiquito – Preguntaba Alex.

Sin palabras para responder y acorralada con la mirada de los cinco niños y niñas, esperando la palabra de un adulto, quién para ellos tiene la respuesta de todas o la mayoría de sus preguntas, sin sospechar que ella tiene dudas e interrogantes más complejas en este caso respecto al ser divino.

 Responde sencillamente:

–Cada uno tiene creencias diferentes, algunos dicen que está arriba otros a dentro de nosotros, todos podemos creer en lo que pensamos.

Ellos con las miradas confundidas y queriendo respuestas más claras y concisas, intentan volver a plantear sus preguntas, justo en ese preciso momento, se escucha el timbre, todos se apresuran a guardar sus alimentos y salen a toda prisa al patio, porque es hora de jugar.

La maestra en forma mecánica va cerrando el salón vacío, mientras observa a los niños jugando cada uno por su lado olvidando el tema, del que no hubo más interrogantes en fechas posteriores, al tiempo que reflexiona sobre la inocencia y lo complejidad de sus preguntas al adulto quien ya no cuestiona porque cree tener todas las respuestas, sin tener alguna.

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*Lucy López, participó en el taller de crónica que convocó: Ojos Rojos Producciones & Crónicas Pachecas, este es su trabajo.

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Sup Tupa

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