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Loret de Mola, “fake news” y pos-verdad

El más reciente encontronazo entre la presidencia y Loret de Mola ha revivido los debates sobre fake news, el poder de los medios de comunicación y las narrativas o discursos que se generan alrededor de temas de interés público.

AMLO y su amor-odio por los medios

La relación ambivalente que mantiene López Obrador con los medios de comunicación no es nueva: desde antes de llegar al poder construyó una narrativa de mártir, en la que todos los poderes (incluidos los mediáticos) conspiraban en su contra para evitar la “transformación del país”.

Sin embargo, también los necesita: si no fuera por su confrontación con Televisa nunca hubiera sido un personaje relevante en la política nacional. Si uno de los poderes fácticos más poderosos y nefastos de México, como es la televisora de San Ángel, no lo hubiera convertido en objeto de su campaña de desprestigio anti-populismo, AMLO no hubiera podido posicionarse como un “hombre de pueblo y en favor de los más pobres”.

El presidente nunca se ha separado de ese papel, ni siquiera en el poder, pareciera que sigue en campaña electoral.

Loret de Mola: ¿Pos-verdad o fake news?

Ahora bien, Caros Loret de Mola fue por muchos años (antes de caer en la marginación de la televisión digital gringa y las redes sociales) portavoz de Televisa y los poderes económicos que representa. Aunque pretenda disfrazarse de “periodista que busca la verdad” lo cierto es que es un simple presentador; además de empresario siempre ávido de negocios que le reditúen ampliamente (recordemos el escándalo del departamento en Miami).

Entrevistador a modo de personajes de derecha; “crítico” de movimientos sociales y todo lo que suene a izquierda, Loret de Mola es un personaje aristocrático que ha sido parte de la maquinaría mediática hegemónica en México. Sus múltiples montajes pueden calificarse simple y llanamente como “fake news” en un sentido amplio: noticias falsas, patrañas presentadas como verdad.

Lo más peligroso, sin embargo, no son sus mentiras fácilmente desmontables y hasta risibles, sino su empeño por construir una narrativa en la que él “periodista valiente” que representa a la “sociedad libre”, “lucha” contra las “arremetidas del poder” en su contra; buscando la “democracia” en un país dominado por el “autoritarismo” de López Obrador. Todo este discurso no es más que una construcción narrativa de ciertas élites que se han sentido desplazadas (al menos en lo político) y que pretenden presentarlo como una verdad innegable, la era de la pos-verdad es su máxima expresión.

Alejarse de las narrativas del poder

Más allá de este supuesto conflicto entre un sector mediático y el poder presidencial, es importante mantener una actitud crítica y alejarse de las explicaciones simplistas. AMLO no es una “víctima”, ostenta el poder público y al aparato de gobierno federal; Loret de Mola tampoco es una “víctima” del autoritarismo ni mucho menos. Estamos ante dos narrativas en pugna que representa cada una a su grupo de poder y es necesario identificarlas para no irnos con la finta, para evitar esta tendencia de vivir en un mundo en el que no importa lo que es verdad, sino lo que es conveniente a mi narrativa.

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Tótua Nia

Eterna defensora de causas perdidas

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