Crónicas Pachecas

Una tarde de copas, una tarde loca

«Perdiendo los modales: si hay que pisar cristales, que sean de bohemia, corazón.»Joaquín Sabina


Por: * Irene Ortiz

Un día como cualquier otro, del mes de mayo, en el bar de siempre, dicen que se llama del 20 al 20, otros solamente le dicen el 20, otros más le llaman la muralla, y los irrespetuosos le llaman los pájaros caídos, para las maestras es: «La Escuelita».

A las 15:00 horas aproximadamente entraron las tres amigas con muy notable trasero, que más de uno se volteó a verlas, el mesero las recibe amablemente, indicándoles pasar a la sala dos en la mesa del rincón (la mesa predilecta de las profesoras).

Les sirven su primera cerveza, brindan por la amistad, o por la tarde de copas o por quien sabe que más, o sólo por el gusto de estar juntas.

Tirando barrio

Jazmín voltea, su mirada se pierde en una mesa, con un ademan les indica a sus amigas que voltearan, Salem y Abril no dudan en hacerlo, era un grupo de chicos con el aspecto de cholos, ¡sí! de esos que salen en películas como «Sangre por Sangre».

No les dio tiempo de comentar nada, cerca de la mesa de las mujeres se apareció otro cholo tatuado hasta la cara, señalando a los jóvenes de la mesa de junto, uno de ellos se levanta de su silla, entre ademanes y gestos se quitan ambos la camisa.

Las maestras asustadas agarran su botella que por nada la dejarían, prefieren dejar el bolso pero no su sagrada cerveza (antes muertas que sencillas), y sin más se cambiaron de mesa a la sala de la entrada. Vaya, vaya Tacubaya, no sé si salieron por miedo a que pelearan o porque en realidad no había nada bueno que ver en los caballeros sin camisa.

Siguieron las canciones, las cervezas, Abril se levanta como la diva que es a tomarse una selfie en un bonito mural, cuando de la nada aparece otra vez el cholo, se dirige a Abril pidiendo una foto con ella. La mujer asustada se va a la mesa de sus amigas, el cholo haciendo unos ademanes, sale del bar.

La pelea por las nalgas

Las maestras cantaban, reía a todo lo que da, ponían canciones en la rocola de tan distinguido bar.

Mientras tanto en la mesa de al lado estaban tres personas, una pareja de novios y un chico gay, este último bastante molesto por la fiestota de las tres amigas, este joven es cliente frecuente del lugar, algunas veces se le ve con un novio, otras veces con sus amigos, pero cuando ya tiene varios alcoholes, se cree el Divo del lugar, le molesta que las mujeres se diviertan más que él, si una dama va con un chico guapo el divo le echa los perros al caballero, más de una vez a ocasionado problemas en las parejas.

Jazmín se paró al baño, el gay le dice – ¿Te crees mucho por esas nalgotas? ¡Están muy feas!

La ofendida se regresa a acusarlo con sus amigas, sin dudarlo, se levantan de sus lugares caminando hacia la mesa del susodicho, entre las copas y el enojo, afirman que con las nalgas de su amiga nadie se mete, reclamándole al Divo de aquel lugar y argumentando que las nalgas de su amiga no son feas. Empezó la discusión, empujones, así como los dimes y diretes (¡Pos esta! ¿Qué se cree?).

Llegaron los meseros, la cosa ya se había puesto fea, uno de ellos les quitó al chico y le pidió a este que se retirara del lugar, el Divo iba cerca de la puerta del bar cuando grita: ¡Si están feas las nalgas!

Salem agarra una botella, se la avienta con tanta fuerza que rozó los cabellos del Divo, la botella continuó su camino por varios metros más, atravesó la puerta, cayó en calle, el silencio se apoderó del bar.

El mesero salió corriendo a la calle para ver si alguien había salido lastimado, pero por fortuna el envase se estrelló en la banqueta. El ambiente siguió como si nada, ¡solo faltaba una botella en esa mesa!

En la Escuelita a todo el mundo le quedó claro, que nadie puede meterse con las nalgas de Jazmín, las de Salem o con las de Abril, pues no es culpa de ellas gozar de tan bondadosos atributos, tampoco es su culpa que en su barrio del Divo no sepan pelear a botellazos.

Una mujer puede perder un envase, pero jamás el estilo.

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*Irene Ortiz, participó en el taller de crónica que convocó: Ojos Rojos Producciones & Crónicas Pachecas, este es su trabajo.

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Sup Tupa

Soy creyente de Dios y el Chamuco, fan de los ovnis, de la literatura mamila y los tacos de suadero. Mis opiniones suelen ser tan irrelevantes que nadie las reivindica. Las malas lenguas dicen que fui a la escuela pero lo niego rotundamente.

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