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Elecciones 2021: el falso dilema

Antes y durante estas elecciones gran parte del debate público giró en torno a la idea de que la ciudadanía elegiría entre dos opciones: expresar su respaldo al proyecto de López Obrador o castigarlo en las urnas votando por la oposición (básicamente por la mal llamada “alianza por México”). Argumentaré aquí que esto no es un dilema tan urgente como se nos quiere presentar en los medios.

Continuidad y “alternativas”

Más de 20 mil cargos públicos estuvieron en juego: desde diputaciones locales hasta gubernaturas. Desde diciembre del 2020 se anunció una de las aberraciones más destacadas de la política electoral de México: PRI, PAN y PRD se unirían en una alianza para “salvar” al país de las “garras” de Morena y el obradorismo. Una maniobra de pragmatismo burdo y que desnuda una realidad implícita: los partidos políticos no tienen más ideología ni programa que el acceso al poder y los recursos públicos.

Así se configuró la oposición, como una especie de frente común entre las fuerzas políticas más conservadoras contra el “oficialismo”, es decir, el partido del presidente (con unas cuantas excepciones como el caso de Nuevo León donde Movimiento Ciudadano fue la alternativa con más posibilidades de ganar).

El carácter corporativo de la democracia mexicana

Es ingenuo pensar que fue la “ciudadanía libre e informada” quien salió a votar con la convicción de construir la democracia. Nuestro país tiene una amplia historia de corporativismo electoral: movilizaciones de sindicatos, acarreo, uso de recursos públicos para la compra del voto y un largo etcétera son prácticas cotidianas, de hecho constitutivas del funcionamiento del sistema político mexicano.

Todos los partidos, sin excepción, entienden esto y hacen acuerdos con poderes fácticos o instituidos para movilizar la mayor cantidad de votos en su favor. Bajo esta premisa resulta absurdo hacer aseveraciones del tipo “la ciudadanía castigó/premió al presidente” o “la CDMX ahora es de derecha” o más ridículas como que la “clase media abandonó al proyecto de Morena”.

Simplemente los agentes y factores que influyen en la configuración del poder encontraron su acomodo y la realidad es clara: Morena sigue siendo el partido con más poder y capacidad de movilización del voto.

El falso dilema y los horizontes cercanos

La trampa discursiva consiste en querer presentar este proceso electoral como una especie de referendo al proyecto de López Obrador: sencillamente no es el caso, pues seguirá en su cargo pase lo que pase hasta el 2024; Morena tampoco ha demostrado ser un partido-movimiento que acompañe al gobierno de Amlo, más bien parece comenzar a seguir el camino del PRD como cofradía de reparto de cargos y dinero público.

Por otro lado tampoco existe una verdadera alternativa al oficialismo (alternativa razonable de un proyecto de gobierno diferente). La vomitiva alianza entre los partidos que co-gobernaron durante los años de la peor corrupción y violencia en México no tienen ninguna oferta para hacer las cosas “mejor”, simplemente están tratando de sobrevivir y mantener sus privilegios a base de las mismas mentiras, engaños y retórica vacía que les han caracterizado siempre.

Veremos cómo se acomodan los factores políticos para el 2024.

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Tótua Nia

Eterna defensora de causas perdidas

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