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PRI-PAN y el fin de la oposición tradicional

Poco a poco se va resquebrajando la poca legitimidad que le quedaba a PRI y PAN, partidos que alguna vez formaron lo que se popularizó mediáticamente como el PRIAN. Desde el sexenio de Vicente Fox, gobernador en contubernio; repartiéndose cuotas de poder y fingiendo “competir” en elecciones al tiempo que daban continuidad al mismo proyecto económico y político en México: el neoliberalismo.

El PRIAN-virato

Mucho se ha dicho y documentado sobre la forma en que el PRI y el PAN gobernaron en una especie de coalición de facto. Hoy salen a la luz cosas que ya se sospechaban pero que no tomaban fuerza por falta de pruebas contundentes o simple falta de voluntad política para tomarlas en cuenta: la corrupción rampante en forma de sendos fajos de dinero a legisladores para aprobar reformas estructurales; la impunidad trans-sexenal manifiesta en compras irregulares de auténtica chatarra a sobre precio. Hoy queda claro lo que siempre ha estado claro.

Esto no quiere decir, para decirlo con claridad, que se vaya a acabar la corrupción sistémica en nuestro sistema político. Quizás ni siquiera signifique el fin de los partidos políticos mencionados, pero definitivamente es un golpe a su credibilidad que podrá reflejarse en la representatividad y por lo tanto en sus finanzas, llevándolos a un círculo vicioso que podría resultar en su desaparición o conversión a partidos satélite, como lo son el PT y el PVEM.

Sabemos por experiencias anteriores que los personajes de la política permanecerán: se re-organizarán o saltarán hacia otros partidos (ya ha comenzado la invasión del propio Morena), pero ese es un tema para otra ocasión.

El re-ordenamiento de la oposición

Ahora bien, en el corto plazo sí que hay un problema para ciertos sectores opositores al obradorismo, que hoy parecen perdidísimos y fragmentados en movimientos ridículos como FRENAA o en aspiraciones de perpetuar a la familia Calderón con tal de detener lo que ellos ven como una “destrucción del sistema democrático” a manos de López Obrador y sus aliados, algo que está fuera de toda realidad pero que es difundido como una certeza irrenunciable.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias?

Desde mi punto de vista hay una falacia muy recurrente ante esta situación, algo de la forma: “si López Obrador no tiene oposición se abre la puerta al autoritarismo y necesitamos contrapesos para tener una democracia saludable”.

Lo primero que llama la atención es que parece que muchos opinólogos recién se enteran de que el régimen político mexicano es esencialmente autoritario y presidencialista: eso no lo inventó Amlo. Lo segundo que parece estar implicado en ese razonamiento (que incluso ha sido manifestado abiertamente por seres detestables como el propio Felipe Calderón o Enrique Krauze) es que “hay que ganarle a Morena como sea”. Este “como sea” se puede interpretar de múltiples formas: apelar al populismo de derecha, comprar medios de comunicación, votos, voluntades o generar tanto caos como sea posible para generar la percepción de que el gobierno de Amlo es un experimento fallido y lo mejor sería volver al régimen corrupto pero “funcional” (según estos sectores).

Esto genera demasiados escenarios posibles. Lo único que podemos prever es re-ordenamiento de la extrema derecha ¿Alrededor de quién? ¿Alfaro? ¿Margarita Zavala? Irónicamente, el fin de los partidos tradicionales como el PRI y el PAN podría significar el nacimiento de lo peor de los grupos fascistas con nueva cara y plataforma.

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Tótua Nia

Eterna defensora de causas perdidas

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